Teletrabajo, aislamiento, greñas y ataques de dulce


Crónica personal, por Tanya Yates.

El brote de COVID-19 está cambiando drásticamente la forma en que vivimos y trabajamos. Siguiendo las recomendaciones realizadas por el Ministerio de Salud para mitigar la propagación de la enfermedad, el IRB Barcelona es una de las muchas empresas que se han acogido a aplicar el sistema de trabajo remoto o “teletrabajo”. Así pues, para aquellos de nosotros cuyos puestos nos permiten esta flexibilidad, ahora nos pasamos 8 horas al día delante del PC de casa. ¡Qué tengáis una buena jornada! Pero cuando terminamos nuestra jornada laboral, nos enfrentamos al bloqueo social, lo que implica que solo podemos salir de casa para comprar alimentos y medicinas o ir al médico. Curiosamente, en el primer día de confinamiento, en España también se podía ir… ¡a la peluquería! Aunque ya no está permitido, por lo que podemos seguir con estos pelos.

Pero volvamos al tema del teletrabajo. Te invito a leer esta serie de recomendaciones que se han elaborado desde el Servicio de Salud y Seguridad de IRB Barcelona sobre las mesas de trabajo y la ergonomía. Mientras tanto, en estos tiempos tan inusuales, quisiera aligerar el estado de ánimo con algunas reflexiones en voz alta sobre tres aspectos del teletrabajo y del aislamiento impuesto que considero importantes, a saber: las relaciones personales y la comunicación (reflexión seria), lo que llevamos puesto y las tentaciones en la cocina (intento de reflexión humorística).

El trabajo es una actividad social, y las relaciones personales que se producen en nuestro lugar de trabajo son cruciales para nuestro bienestar mental. Somos animales sociales por naturaleza. A medida que van pasando los días de teletrabajo y aislamiento, comenzamos a echar en falta a nuestros compañeros (sí, lo has leído bien). La tecnología puede venir al rescate, ofreciéndonos increíbles posibilidades para hacer chats de vídeo grupales y mandar mensajes en tiempo real. La tecnología nos ayuda a superar este aislamiento. Tener el tiempo de cara también es importante, y aquellos de nosotros que trabajamos desde casa deberíamos aprovechar activamente esta oportunidad para chatear con amigos del trabajo (obviamente en nuestro tiempo de descanso). La tecnología puede aliviar la carga mental del teletrabajo, el bloqueo impuesto y el aislamiento.

Cuando por fin nos den luz verde para retomar nuestras vidas anteriores al COVID-19, muchos de nosotros habremos concluido que la tecnología no puede reemplazar el contacto cara a cara, en el que el lenguaje corporal y el contacto visual directo son componentes esenciales de nuestra comunicación. Porque mirar fijamente a un pequeño punto (que es la cámara de tu  ordenador), para que parezca que estés mirando a alguien a los ojos, nunca podrá copiar por completo los sutiles matices de la comunicación cara a cara.

En este mismo contexto, se ha dicho que esta pandemia forjará las bases de un nuevo régimen de trabajo, en el que trabajar desde casa se convertirá en la norma. Si bien muchas personas (entre las que me incluyo) nos acogeremos a esa flexibilidad con todos los beneficios que conlleva en ahorro de tiempo y gastos (tanto para el empleado como para la empresa), el trabajo remoto tiene que implementarse con sumo cuidado.

El segundo “problema” de mi lista va sobre "lo que llevamos puesto" cuando trabajamos desde casa. El otro día hablé con una compañera, que me respondió en bata de estar por casa. No pasa nada, porque la conozco desde hace años, pero si su jefe la hubiese llamado, podría haber pasado un poco de vergüenza. Así que... ¡Ve con cuidado y no te pases el día en pijama!

El último “problema” que tengo al trabajar desde casa es el gran atractivo que la cocina ejerce sobre mí. ¿Has experimentado lo mismo? En la oficina podemos distraernos del ruido de las hablando con compañeros, saliendo para ir al baño, etc. Pero en casa existe una atracción magnética hacia la despensa (el armario en el guardas la comida basura, como las patatas fritas y las galletas). ¿Has notado la falta de galletas (y de rollos de cocina, por supuesto) que empieza a haber en los supermercados? ¿Podría este detalle ser indicativo de la creciente adicción de los teletrabajadores a los alimentos ricos en azúcar y carbohidratos? ¿Quién en su sano juicio va a la cocina para comerse un tomate? Nada más que añadir.

Las próximas semanas serán una prueba de nuestro espíritu de equipo y autodisciplina. ¡Mucha fuerza a todos!

 

Tanya Yates